| María José Morga |
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Esa misma tarde empezamos a familiarizarnos con el plan diario en torno a la parroquia de Santiago: rosario, Eucaristía y adoración (miércoles, viernes y sábados), todo ello en croato. Me impresionó la cantidad de gente rezando el rosario y sobre todo ver muchos hombres jóvenes, ya que aquí en España se suele ver rezando el rosario fundamentalmente a mujeres mayores. La Adoración, ya entrada la noche, con una iluminación, música y reflexiones en distintos idiomas, me pareció muy bonita. Sin embargo, quizá por el cansancio del viaje, me quedé en lo superficial. La subida al Pobdro o “monte de las apariciones” al día siguiente, no me dijo nada. Recé el rosario como algo que hace todo el mundo cuando sube por ese monte lleno de piedras. Antes de subir, Leo, nuestro guía chileno nos había estado dando unas primeras explicaciones sobre las apariciones de la Virgen a los 6 niños. La razón me provocó una pequeña crisis, me resultaba muy difícil creer, que las apariciones que se siguen produciendo a varios de lo videntes, se anticiparan con fecha y hora. Después de comer, Marisa, la dueña de la casa donde nos alojamos, nos contó su testimonio. Marisa había sufrido mucho, su marido que era comunista la abandonó por otra mujer y la dejó con una niña pequeña. La vida de Marisa cambió cuando viajó desde su Italia natal a Medjugorje. Allí, encontró la misericordia del Señor a través de la Virgen. Su hija se consagró a la vida religiosa para salvar a su padre, y ella se trasladó a Medjugorje donde tiene una residencia de acogida de peregrinos. El testimonio me impresionó. Empecé a ser consciente de la Gracia que se derrama en aquel lugar. La charla de nuestro guía Leo por la noche en el porche me resultó bastante interesante y carismática. De ella me llamó la atención: “la gente que viene a Medjugorje no viene por casualidad sino llamados por la Virgen”;“ La Virgen nos pide la conversión, pero no de los ateos o alejados sino de los creyentes, los cristianos que no tienen la experiencia de Dios”. Eso era lo que había sido yo hasta hace dos años, una “católica social”, sin una verdadera experiencia del Señor. La charla de la vidente Marija, si bien fue interesante, yo no sentí nada especial. Seguía anhelando algo, no sé qué, que me hiciera descubrir a María. Por la noche, asistimos a la aparición de la Virgen a Ivan. Dos horas rezando el rosario, sentados en las piedras picudas del “monte de las apariciones” y sin poder movernos, con los pies totalmente hinchados y sin ver absolutamente nada, esperando la hora en que estaba anunciada la aparición. Fue sólo un minuto, en el silencio de la noche y con todo el mundo orando cuando tuve una interiorización de la presencia de la Virgen. 3 Al día siguiente – cuarto día de nuestra estancia – después del desayuno nos dirigimos a la sala amarilla próxima a la parroquia donde el padre Tomislav, testigo de los acontecimientos desde el principio, nos iba a dar una charla a un grupo reducido de españoles. La sala, está presidida por un gran cuadro de la Virgen, cuyo pintor siguió la descripción que los niños le hicieron de cómo ellos habían visto a la “Gospa”.
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