María José Morga PDF Imprimir E-mail
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Tabla de contenidos

  1. María José Morga
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  3. Página 4 (posición actual)
  4. Página 5
  5. Página 6

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La Virgen aparece encima de una nube sobre el pueblecito de Medjugorje con las manos extendidas. No sé qué me ocurrió, pero no me pude concentrar en la charla que nos estaba dando el Padre Tomislav. Mi atención estaba puesta sólo en la cara de la Virgen del cuadro. Me parecía la cara más bella que había visto nunca, la sensación que me dio, es como si la Virgen se hubiera aparecido en mi corazón a través de esa figura. Cuando salí de la sala, comenté lo que me había pasado y para mi sorpresa, no había sido la única a la que aquel cuadro le había impresionado. Recorrimos muchas tiendas hasta encontrar estampas con la imagen del cuadro. Estaba muy sorprendida, ya que a mí nunca me han provocado devocionismo, las imágenes religiosas. Uno de los videntes, Jacob, le preguntó a la Virgen porque era tan guapa y ella le respondió:”Porque amo””amad todos vosotros y os volveréis bellos”. . A las 3 de la tarde teníamos en la misma sala, una conferencia de Iván, el vidente al que el día anterior se le había aparecido la Virgen. Algunos estábamos fuera de la sala porque Leo, nuestro guía, nos iba a traducir la conferencia. Llevábamos un rato esperando la llegada de Iván y sin darme mucha cuenta le dije a Rosa, que estaba a mi lado, que Iván no iba a venir. Al minuto siguiente, nos informaron que efectivamente Iván no podía llegar a dar la conferencia. Rosa me preguntó que por qué yo le había dicho que no iba a venir, yo no lo sabía, tampoco le di demasiada importancia. Pero cuando ya empezamos a caminar para dirigirnos a tomar un taxi que nos condujera a la residencia, me empezó una oración en lenguas que duró más de media hora y que continuó en la capilla de la residencia. 4 El miércoles por la mañana, fuimos a Thigelina, un pequeño pueblecito dónde estuvo el Padre Jozo y en el que hay una pequeña iglesia con una imagen de una escultor italiano que recibe el nombre de la “Virgen guapa”. Celebramos una Eucaristía. En el momento de la paz, una de mis amigas me abrazó y sentí un fuerte dolor en el pecho. Sorprendida me toqué y me descubrí un bulto del tamaño de una mandarina. Del susto me flaquearon las piernas y estuve a punto de caerme. Noté como una corriente que me recorrió desde el centro de la cabeza hasta los pies. Me dirigí a comulgar. Entonces tomó sentido mi viaje a Medjugorge. Yo no tenía ni idea de lo que me pasaba, pero debido a mi carácter un poco hipocondríaco, pensé en lo peor. Además el cáncer de pecho es algo a lo que tengo pánico. Durante toda la semana había sentido mucho cansancio, pero yo lo achacaba al viaje y lo atajaba con analgésicos. Estaba lejos de casa, me quedaban varios días para volver a Madrid y poder acudir al médico y tenía ganas de disfrutar los últimos días de la peregrinación. Le dije al Señor que aceptaba en ese momento su voluntad, fuera lo que fuera lo que me estaba sucediendo (no sin bastante miedo), que me ayudara a descubrir en esa cruz a su Madre, su amor y su compañía, como mujer y como madre. El viaje de vuelta en autobús, lo pasé rezando el rosario, todavía bastante asustada.

 

 

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