| Historia de las peregrinaciones en Medjugorje |
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El 6 de mayo de 1981 tuvo lugar en Roma la Conferencia Internacional de líderes de la Renovación Carismática. Uno de los líderes de Yugoslavia, presente en aquella reunión, el padre Tómislav Vlasic, franciscano, solicitó una oración a todos los demás líderes por la renovación de la iglesia en Yugoslavia. Una líder presente, la hermana Briege McKenna, los MEDUGORIE La pequeña aldea de Medugorie (que significa entre los montes), se encuentra en la república de Herzegovina, Yugoslavia, en un área bastante católica, pero enclavada en las vecinas áreas musulmana y ortodoxa: la diócesis de Mostar, de la que depende Medugorie, por sus numerosas mezquitas es llamada "la ciudad musulmana". La parroquia de Medugorie con sus tres mil habitantes incluye las aldeas de Bijakovici, Miletina, Vionica y Surmanci. El nivel educativo y cultural es muy alto: no existe el analfabetismo. La población habla croata y ha conservado su fe católica durante la larga dominación turca desde 1482 a 1778, por la obra incansable de los Franciscanos. La nueva iglesia parroquial se consagró en 1969. Detrás de la iglesia, distante un kilómetro y medio, cerca del centro habitado de Bijakovici, se apareció la Virgen —según afirman los seis muchachos— el 24 de junio de 1981. En la parte posterior y más alta se eleva el monte Krízevac, en cuya cumbre, en 1933 se levantó una cruz de cemento en recuerdo del 19 centenario de la Redención del Señor, y también se ha vuelto un lugar de peregrinaciones después de las apariciones, por los fenómenos luminosos que allá arriba han ocurrido. El miércoles 24 de junio de 1981, fiesta de San Juan Bautista, dos muchachas iban de paseo por Medugorie: Ivanka Ivankovic, de quince años, que vive en la ciudad de Mostar pero que viene a menudo a la aldea de Bijako-vici donde sus padres poseen una casa y un terreno, y Miriana Dragicevic de dieciséis años, que vive en Sarajevo pero pasa el verano con su abuela en Bijakovici. Pavlovic que se quedó ocupada en los quehaceres de la casa; en cambio fue su hermana María. He aquí el relato de Vida. "Eran casi las seis. Miriana y yo Íbamos juntas. Ivanka, que caminaba delante de nosotras, nos gritó: ¡Miren, la señora! Había todavía luz y yo conseguí verla muy bien. Veía el rostro, los ojos, el cabello, la túnica, toda su persona. Volví atrás corriendo oara llamar a María y al pequeño Jakov, que me siguieron pronto. La señora nos pidió acercarnos a ella. Nos parecía tan cercana a nosotros, casi al alcance de la mano.En realidad no era así. Mientras más intentábamos acercarnos, más parecía que ella se alejaba. Nos pusimos a correr. Nos parecía que casi no pisábamos el suelo. No seguíamos ningún sendero, sino que íbamos directamente hacia la señora. Era como si el aire nos succionara. Yo tenía miedo. Llevábamos corriendo como unos cinco minutos, y yo, aunque descalza, no tenía ningún rasguño en las piernas, no obstante que el lugar estaba lleno de zarzas.Las demás personas que nos seguían, quedaban asombradas viendo con qué velocidad nos movíamos. Cuando llegamos a pocos metros de la Señora, sen-j timos el impulso de arrodillarnos. Jakcv lo hizo sobre una zarza. Yo pensé: ¡Se va a hacer daño! No tuvo ni un rasguño. Jakov gritó: ¡Yo también veo a la Gospa! Los videntes conversaron por primera vez con la Virgen María. ¿Por qué había venido? Porque allí había encontrado fe. Ella venía a pedir la reconciliación y la paz entre todos. Los invitó a volver porque tenía más cosas que decirles. Aquella tarde los muchachos volvieron a sus casas; iban alegres y liberados de todos sus temores. Y sobre Medugorie, aquella tarde, apareció una gran luz que bajaba del cielo a la tierra; esta luz la vieron también muchas personas de los pueblos vecinos. Era una luz -dicen- más intensa y esplendorosa que la del sol, y no deslumhraba. Era una señal de la Virgen, que invitaba a la gente a ir a aquel lugar. Al siguiente día, viernes 26 de junio, cerca de dos mil personas llegaron de las aldeas vecinas. El calor era muy fuerte y la muchedumbre casi sofocaba a los videntes. Miriana e Ivanka estuvieron a punto de desmayarse, pero el señor Marinko Ivankovic, un mecánico de Citluk, las apartó de la multitud.
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